Después de un tiempo bien considerable, El rincón del escritor regresa a Emcharos 2002. El escritor que tengo
el gusto de presentaros hoy es el cordobés Paco de Asís Granados, buen amigo y fiel
compañero de miedos y misterios. Autor de los libros Maldita noche y Una vida ejemplar
(Editorial Seleer), una buena muestra de su aterradora obra la podéis escuchar
en el siguiente audiorelato, con el que ya nunca más podréis chatear tranquilos.
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miércoles, 22 de noviembre de 2017
domingo, 29 de septiembre de 2013
Moscas
Hoy se ha fallado el XI Certamen Internacional
de Microcuento Fantástico miNatura, y por desgracia mi relato “No puedes
escapar a la llamada de la sangre” no ha estado entre los elegidos por el
jurado. Otra vez será. La obra ganadora ha sido “Moscas”, del asturiano Rafael
Novoa, el cual nos vuelve a demostrar porqué está considerado actualmente como
uno de los mejores autores españoles del microrrelato.
Eran verdes y gordas. Lo
acompañaban a todas partes refulgiendo al sol como aguamarinas. No sabía el por
qué de aquella extraña simbiosis, pero al pasar de los días, las moscas fueron
aumentando en número y las personas de su entorno comenzaron a quejarse.
Primero se quedó sin trabajo, después sin amigos. La gente por la calle se
hacía a un lado al verlo pasar con aquel enjambre a su alrededor; y pronto le
prohibieron la entrada en restaurantes, cines y supermercados.
Un día llegó a casa y
encontró una nota de su mujer. «Lo siento, Sherman, pero no aguanto más tus
repelentes moscas. Vivir contigo es como hacerlo con una plasta de vaca.» Al
final todos le abandonaron menos las moscas. Ellas no. Lo seguían a todas partes
con una fidelidad y devoción que daba miedo. A veces se rezagaban sobre un cubo
de basura, los excrementos de un perro o la gomina de algún ejecutivo; pero al
cabo alzaban el vuelo y le daban alcance allá donde estuviera.
«Parece usted un hombre
aseado; y no le encuentro síntoma alguno de enfermedad. Está sano», le dijo el
doctor Chandler, mientras apartaba las moscas a golpe de radiografía.
Desesperado, terminó
visitando a un curandero. Aquel hombrecillo, después de escuchar su historia,
lo agarró de una mano y lo sacó al patio exterior de la casa. Parados bajo el
sol esmerilado de la tarde, y en medio de una nube verde y zumbona de moscas,
lo mandó mirar al suelo y dijo: «Ahí tiene el origen de su problema, querido
amigo: hace tiempo que arrastra el cadáver de su sombra».
jueves, 4 de julio de 2013
El ramo de flores
San Valentín, el gran día de los
enamorados, es un día muy especial para el amor. Un día y un amor que, si los
sentimos como verdaderos, pueden llegar a ser inolvidables y eternos, como nos lo
describe en este emotivo relato el escritor y poeta mallorquín Carles Campomar,
relato publicado en el blog del autor “Relatos de un escritor callejero”.
Ya es el día de San Valentín, es un día
muy especial para nosotros, justamente este día hace años que empezamos a salir
juntos.
Me he levantado, dirigiéndome hacia la
cocina, dirección a la cafetera para empezar bien el día mientras paso las
hojas del periódico que cada mañana el repartidor me deja en el buzón.
Al terminar todas las tareas de casa me dirijo
hacia la floristería de cada año, nada más entrar a la tienda muchos ramos de
flores me reciben, no sé por dónde empezar a mirar, para cogerte el más bonito.
Al llegar mi turno la chica de la
floristería se me pregunta qué ramo quiere, y después de pensar mucho me decido
por el más bonito, uno con mucho colorido, rojo, lila, naranja, amarillo, entre
otros.
Después de pagar, me dirijo hacia una
tienda que siempre me ha llamado la atención pero que nunca he entrado, es una
tienda toda de bombones, siempre que paso contigo por esta tienda me dices que
quieres esos bombones de tres tipos de chocolate distintos, y hoy que no vienes
conmigo te compro una caja para dártelos más tarde, cuando nos juntemos a la
hora de cada día en el mismo lugar de siempre.
Después de hacer todos los recados, mi
dirección es la de siempre, los bombones y el ramo de flores descansan sobre el
asiento de atrás del coche, mientras me dirijo a verte, una canción ameniza el
trayecto, como siempre suele durar unos diez minutos llegar hasta ti.
Estoy en la entrada de tu casa, desde
hace unos meses que vives aquí, como siempre te haces de rogar, me siento en el
banco esperando que termines de arreglarte, te gusta ponerte guapa para mí,
esos ojitos pintados, los labios que tanto me gustan con ese color casi
invisible a la vista de los demás, y sobre todo esos pantalones ajustados que
los demás chicos miran y yo pensando en la suerte que tengo de que estés
conmigo.
El tiempo pasa y no apareces, ha pasado
más de una hora, decido coger las flores y junto con la caja de bombones decido
dejar las dos cosa aquí encima para cuando llegues te las encuentres.
Espero que el ramo de flores te guste,
ah y mira entre las flores una tarjeta con un dibujo muy simpática lleva
escrito un mensaje para ti.
Mirando atrás, espero verte aparecer,
pero como cada día me dejas plantado sentado en el banco, esos días lluviosos
que no tienes piedad de mí y seguro que te escondes para hacerme sufrir.
Dejo atrás ese cementerio, donde te
visito cada día, desde tu muerte, echándote de menos y deseando que algún día
volvamos a estar juntos.
viernes, 5 de abril de 2013
Mujer de rojo
Un personaje histórico y aterrador que
desde pequeño me ha fascinado ha sido Erzsébet Báthory, la condesa sangrienta.
La misma fascinación sentí al leer por primera vez este microrrelato de la
escritora argentina Julieta Paola Carrizo, dedicado a la legendaria condesa
húngara.
Mirada triste.
Mar de fuego. Tus labios aún recuerdan esos besos. Tus manos aún rememoran sus
caricias. Tus ojos lloran lágrimas de sangre mientras tu corazón, traicionero,
agraciado de dolor, aún late. Y tú decides que la noche sea tu nuevo amante,
las sombras tu refugio, los gritos tu placer. Condesa sangrienta es ahora tu
nombre.
lunes, 7 de enero de 2013
La bruja
Una noche de brujas muy diferente es la
que nos hace pasar con este relato el escritor argentino Eduardo Abel Gimenez,
fundador y redactor de la revista online “Imaginaria”, dedicada a la literatura
infantil y juvenil.
La bruja vestida de negro,
con sombrero en punta, nariz ganchuda y verruga llena de pelos, lechuza al
hombro, espalda encorvada y diente solitario entre los labios de color violeta,
echó algunas porquerías más en el caldero que ya olía a podrido, le pegó una
patada al gato, miró el último huesito humano que quedaba en un rincón, se
aseguró de que fuera bien de noche, agarró la escoba y pateando cucarachas
salió a buscar algún otro chico para comerse en la cena.
Afuera la
esperaba una comisión de la
Asociación Pro Relatos Infantiles Políticamente Correctos,
que con una orden del juez la llevó a un centro de rehabilitación.
martes, 19 de junio de 2012
Guerra Civil
Creo que muy pocos textos pueden ofrecer en tan pocas
palabras el horrible resultado que da de sí una guerra civil. El siguiente
microrrelato es uno de esos textos a los que me refiero, escrito por el autor
cántabro Miguel Ibáñez y publicado en su antología de microrrelatos “El lobo
veloz”.
El ruido del disparo retumbó en los
montes, atravesó el valle, chocó en las paredes de las casa del pueblo y fue a
parar, ya exhausto como un pájaro herido, al patio de la escuela donde alguna
vez la víctima y el asesino habían jugado juntos.
jueves, 15 de marzo de 2012
Mi hermano
Visita de lujo la que tenemos hoy en “El rincón del escritor”. Se trata del autor asturiano Rafael Novoa, galardonado en 2002 con el prestigioso Premio Faroni de Relato Hiperbreve, precisamente gracias al relato que podréis leer a continuación. Una pequeña gran joya literaria que ha cumplido ya una década en la que lleva maravillando a miles y miles de lectores en Internet.
Nunca le perdoné a mi hermano gemelo que me abandonara durante siete minutos en la barriga de mamá, y me dejara allí, solo, aterrorizado en la oscuridad, flotando como un astronauta en aquel líquido viscoso, y oyendo al otro lado cómo a él se lo comían a besos. Fueron los siete minutos más largos de mi vida, y los que a la postre determinarían que mi hermano fuera el primogénito y el favorito de mamá.
Desde entonces salía antes que Pablo de todos los sitios: de la habitación, de casa, del colegio, de misa, del cine ─aunque ello me costara el final de la película─.
Un día me distraje y mi hermano salió antes que yo a la calle, y mientras me miraba con aquella sonrisa adorable, un coche se lo llevó por delante. Recuerdo que mi madre, al oír el golpe, salió de la casa y pasó ante mí corriendo y gritando mi nombre, con los brazos extendidos hacia el cadáver de mi hermano.
Yo nunca la saqué del error.
Nunca le perdoné a mi hermano gemelo que me abandonara durante siete minutos en la barriga de mamá, y me dejara allí, solo, aterrorizado en la oscuridad, flotando como un astronauta en aquel líquido viscoso, y oyendo al otro lado cómo a él se lo comían a besos. Fueron los siete minutos más largos de mi vida, y los que a la postre determinarían que mi hermano fuera el primogénito y el favorito de mamá.
Desde entonces salía antes que Pablo de todos los sitios: de la habitación, de casa, del colegio, de misa, del cine ─aunque ello me costara el final de la película─.
Un día me distraje y mi hermano salió antes que yo a la calle, y mientras me miraba con aquella sonrisa adorable, un coche se lo llevó por delante. Recuerdo que mi madre, al oír el golpe, salió de la casa y pasó ante mí corriendo y gritando mi nombre, con los brazos extendidos hacia el cadáver de mi hermano.
Yo nunca la saqué del error.
viernes, 3 de diciembre de 2010
Valeria
Hoy visita “El rincón del escritor” Raúl Gutiérrez, joven sevillano aficionado a escribir relatos de terror y ciencia-ficción, dibujante manga en ciernes y un buen amigo. “Valeria” es un relato dramático y a la vez poético, donde la protagonista principal es una niña que siente el rechazo y el desamparo de sí misma.
Es una niña que una mañana se cose los ojos que tiene para no verse reflejada, se tatuó su cara con un carisma: su maquillaje, su camuflaje. Por las mañanas se desayuna un cereal con prozac; buscando lo que no quiere. Busca salidas rápidas cuando en verdad hace más tiempo para no despedirse, más que perder la vida, busca un pretexto para vivir y un pretexto para soñar. Sueña con alas viajeras cuando a escondidas se amarra las anclas a los pies.
Es una niña que una mañana se cose los ojos que tiene para no verse reflejada, se tatuó su cara con un carisma: su maquillaje, su camuflaje. Por las mañanas se desayuna un cereal con prozac; buscando lo que no quiere. Busca salidas rápidas cuando en verdad hace más tiempo para no despedirse, más que perder la vida, busca un pretexto para vivir y un pretexto para soñar. Sueña con alas viajeras cuando a escondidas se amarra las anclas a los pies.
Valeria se inventa temas de conversación para todavía hablar; conversa con sus propios ecos que rebotan en las esquinas de su soledad. Valeria es pálida de alma, ni una luz de amor entra por su ventana, la única iluminación que ella conoce es la de su televisión. A veces cuando le sobra tiempo se ve al espejo perfeccionando gestos, sonríe y critica su físico con ojos llorosos deseando tener el presupuesto suficiente como para comprarse otro cuerpo.
Valeria nace en una ilusión y muere en el intento; por las noches tiene largas conversaciones con Dios, siempre se queja y reclama la ausencia de amor, de un hombre, de una caricia, de un segundo de excitación. Valeria hace de su rutina su normalidad y hace de su infortunio su bandera, de su llanto su himno.
Pero ella no sabe que aquí estoy, no sabe que la amo y ni lo sabrá, tan sólo soy el espejo de su habitación y los espejos no hablan. Cuando me voltea a ver todas las mañanas quisiera hablarle y decirle que no es fea, que sí hay alguien que sabe de ella, que yo la he escuchado siempre, que me gusta ser el clon de su belleza cuando está frente a mí; la quiero aún más cuando la veo sufrir, cuando la veo desnuda, cuando llora. Pero es demasiado tarde: el tiempo llegó y estoy tirado a un lado de ella con su sangre en mis filos después de haber recorrido sus venas.
Blog de Raúl Gutiérrez: http://dragonprofundo.blogspot.com/
Recordar que todo autor que desee puede publicar su relato corto, cuento, poesía, etc. en Emcharos 2002, enviándolo a la siguiente dirección de correo electrónico: emcharos_2002@hotmail.com
jueves, 27 de mayo de 2010
El padre perfecto (2ª Parte)
Empezó a informarse en las distintas clínicas de fertilización, necesitaba urgente un donante que reuniera todo lo que ella deseaba para ser el padre perfecto, genéticamente por supuesto, porque el niño crecería sin un padre físico.
¿Afectaría eso para su desarrollo emocional? No, no. ¿Y cuando el niño creciera y le preguntara quién era su padre? ¿Le contaría qué había sido fecundada en una clínica porque era incapaz de olvidar a un novio que tuvo hacía más de veinte años? O simplemente, podría decirle la verdad: que había decidido ser madre a los cuarenta y no tenía tiempo para perderlo buscando un padre perfecto.
Desesperada en su afán por encontrarlo, puesto que ningún donante era lo suficientemente bueno para ella, optó por lo último que hubiera pensado que haría, localizar a su antiguo novio. No le fue difícil encontrar su dirección y aunque también consiguió su número de teléfono fue incapaz de llamarlo y oír su voz al cabo de tanto tiempo. Sin embargo, redactó una carta, explicándole el motivo por el cual se ponía en contacto con él, entendiendo si se negara dadas las circunstancias. Si estaba de acuerdo en ser el padre de su futuro hijo, lo esperaría dentro de dos semanas en la clínica, el día señalado, para que entregara su semen, era el momento adecuado.
Habían pasado varios días y estaba muy nerviosa, ni siquiera sabía si él lo aceptaría o simplemente no se presentaría a la cita, lo que querría decir sin duda que no aceptaba tan extraña petición.
Ya salía de la sala de autopsias cuando tuvo que volverse. Acaba de entrar un cadáver, varón, cuarenta y un años, había sido atropellado. Volvió a colocarse los guantes de látex para echar un vistazo antes de irse. Bajó la cremallera y entonces lo reconoció. Sus manos temblorosas acariciaron su cara por última vez, después de tanto tiempo, todavía recordaba la suavidad de sus labios pero ya no eran cálidos y húmedos cuando los besó. Acarició su cuerpo desnudo como había hecho tantas veces en el asiento trasero del coche de su padre y se abrazó a él llorando.
Y llegó el día previsto, aquella mañana ella no tuvo fuerzas para llamar a la clínica y anular su cita. Se sobresaltó al oír el teléfono y estuvo a punto de no contestar cuando vio que eran ellos los que llamaban, pero más tarde o más temprano tendría que ir a contar lo sucedido. La enfermera le recriminó que llevaban más de una hora esperándola y que ya estaba todo preparado, que tenían la donación de semen desde hacía una semana y que además el donante dejó una carta para ella, porque no iba a poder ir el día de la cita ya que tenía otros compromisos.
– Por cierto- dijo la enfermera- Disculpa que no pueda darte la carta, no sé donde la puse, aquel día hubo un atropello en la puerta y se armó un revuelo, debí guardarla en algún sitio, pero no te preocupes que la encontraré.
Dejó caer el teléfono y se marchó rápidamente. Sonreía mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.
¿Afectaría eso para su desarrollo emocional? No, no. ¿Y cuando el niño creciera y le preguntara quién era su padre? ¿Le contaría qué había sido fecundada en una clínica porque era incapaz de olvidar a un novio que tuvo hacía más de veinte años? O simplemente, podría decirle la verdad: que había decidido ser madre a los cuarenta y no tenía tiempo para perderlo buscando un padre perfecto.
Desesperada en su afán por encontrarlo, puesto que ningún donante era lo suficientemente bueno para ella, optó por lo último que hubiera pensado que haría, localizar a su antiguo novio. No le fue difícil encontrar su dirección y aunque también consiguió su número de teléfono fue incapaz de llamarlo y oír su voz al cabo de tanto tiempo. Sin embargo, redactó una carta, explicándole el motivo por el cual se ponía en contacto con él, entendiendo si se negara dadas las circunstancias. Si estaba de acuerdo en ser el padre de su futuro hijo, lo esperaría dentro de dos semanas en la clínica, el día señalado, para que entregara su semen, era el momento adecuado.
Habían pasado varios días y estaba muy nerviosa, ni siquiera sabía si él lo aceptaría o simplemente no se presentaría a la cita, lo que querría decir sin duda que no aceptaba tan extraña petición.
Ya salía de la sala de autopsias cuando tuvo que volverse. Acaba de entrar un cadáver, varón, cuarenta y un años, había sido atropellado. Volvió a colocarse los guantes de látex para echar un vistazo antes de irse. Bajó la cremallera y entonces lo reconoció. Sus manos temblorosas acariciaron su cara por última vez, después de tanto tiempo, todavía recordaba la suavidad de sus labios pero ya no eran cálidos y húmedos cuando los besó. Acarició su cuerpo desnudo como había hecho tantas veces en el asiento trasero del coche de su padre y se abrazó a él llorando.
Y llegó el día previsto, aquella mañana ella no tuvo fuerzas para llamar a la clínica y anular su cita. Se sobresaltó al oír el teléfono y estuvo a punto de no contestar cuando vio que eran ellos los que llamaban, pero más tarde o más temprano tendría que ir a contar lo sucedido. La enfermera le recriminó que llevaban más de una hora esperándola y que ya estaba todo preparado, que tenían la donación de semen desde hacía una semana y que además el donante dejó una carta para ella, porque no iba a poder ir el día de la cita ya que tenía otros compromisos.
– Por cierto- dijo la enfermera- Disculpa que no pueda darte la carta, no sé donde la puse, aquel día hubo un atropello en la puerta y se armó un revuelo, debí guardarla en algún sitio, pero no te preocupes que la encontraré.
Dejó caer el teléfono y se marchó rápidamente. Sonreía mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.
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miércoles, 26 de mayo de 2010
El padre perfecto (1ª Parte)
El luchar por un sueño significa también tener que dejar otros sueños, deseos o anhelos fuera de nuestro alcance. De sueños conseguidos y sueños perdidos trata el siguiente relato, escrito por la autora sevillana Maite Navarro, que estrena esta nueva sección de Emcharos 2002.
Estaba a punto de cumplir los cuarenta y había entrado en plena crisis. Desde hacía varios meses sentía que su vida no era plena. Tenía un buen empleo sí, después de tantos sacrificios por fin lo había conseguido. A pesar de los pocos años que llevaba en la profesión, era una forense de muy buena reputación, hasta había trabajado en varias ocasiones con los mejores del país y era admirada por muchos de sus colegas. Su sueño hecho realidad.
Pero sí ese era su sueño, ¿por qué no era feliz?, ¿acaso no había sido consciente de todo lo que sacrificaba en el camino para llegar a ser lo que era? Ella misma había escogido esa profesión, le había fascinado siempre todo lo que los muertos podían contar y hasta los trataba con cariño, como si todavía estuvieran vivos y pudieran notar en sus cuerpos fríos el suave tacto de sus manos mientras los desnudaba cuidadosamente.
Había abandonado su ciudad para irse a la mejor universidad, había dejado a su familia, había perdido casi por completo el contacto con sus amigos y había dejado en el aeropuerto al que fue durante mucho tiempo su gran y único amor. Pero él no estaba dispuesto a amarla en la distancia y ella no iba a permitir un amor que le exigía renunciar a su sueño. Y comenzó así una etapa de su vida, lejos de todo lo que amaba, feliz por estar haciendo lo que quería.
Jamás hubo otro hombre en su vida, ni lo buscó. Su tiempo era exclusivamente para terminar su carrera y empezar a trabajar lo antes posible. Estaba muy orgullosa de lo que había conseguido. Pero el tiempo había pasado demasiado rápido. Ahora echaba de menos el haber tenido a alguien con quien compartirlo todo, alguien que la estuviera esperando cuando llegara a casa, alguien en su cama junto a ella al despertar, alguien con quién celebrar cada aniversario, cada día sin más.
Frente al espejo, miraba su cuerpo desnudo y no entendía por qué no había aceptado nunca las numerosas proposiciones que muchos hombres le habían hecho. Aún seguía siendo una mujer muy atractiva. Tal vez nunca quiso olvidar a su primer amor, tal vez no pudo. Cada día que pasaba, se planteaba sí había sido acertada su decisión de romper esa relación. El había rehecho su vida, demasiado pronto- pensó ella entonces- pero ahora era un hombre felizmente casado, con su propia familia, con los hijos que ellos planearon tener en la parte trasera del coche de su padre, cuando después de hacer el amor, se quedaban desnudos abrazados, discutiendo sobre los hijos que tendrían y qué nombres les pondrían. Si al menos hubiese tenido un hijo, ahora no se sentiría tan sola.
Pero, ¿un hijo, de quién? Una vez le prometió a él, que sería el único hombre con el que quisiera ser madre, porque un hijo debe ser fruto del amor, del amor verdadero, del amor que ella sentía por él y le había jurado que era la verdad, mientras él, no paraba de besarla.
Todavía estaba a tiempo, sí, esa era la solución, debía ser madre. Eso era lo que le faltaba a su vida, un hijo.
(Continúa en la 2ª Parte).
martes, 25 de mayo de 2010
“El rincón del escritor”, un rincón para todos los autores
Porque hay muchos escritores con ganas de contar sus historias, jóvenes y no tan jóvenes que no tienen un sitio en Internet para hacer llegar a la gente sus pequeñas grandes creaciones, o por el contrario quieren que se les lea hasta en la sopa, por todo eso y más, nace una nueva sección en Emcharos 2002: “El rincón del escritor”. El rincón donde el escritor, y nadie más que el escritor, tiene la palabra.Debo reconocer que esta sección ha surgido gracias a una amiga escritora, mi paisana Maite Navarro, de la cual he tenido la suerte de leer ya varios trabajos suyos que me ha hecho llegar. Además, veo que lo más justo es que sea ella la primera autora que estrene este novedoso rincón literario.
Todo el que desee publicar en este blog un relato, cuento, poema, monólogo, un pensamiento, una queja, lo último que se le ha pasado por la cabeza, etc., puede mandar su obra a la siguiente dirección de correo electrónico: emcharos_2002@hotmail.com. Se agradece que sean trabajos cortos, que no excedan de las dos páginas en formato Word. ¡Animaros y escribid!
Como ya he comentado, durante esta semana nos visitará la escritora sevillana Maite Navarro con un relato que a más de uno hará reflexionar.
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