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domingo, 7 de abril de 2013

Clive Barker, el escritor multicultural

 
 
“He visto el futuro del terror; su nombre es Clive Barker”. Esto dijo el mismísimo Stephen King respecto al nombrado escritor inglés tras publicar éste en 1984 el primer volumen de su antología de relatos Libros de Sangre, con la que consiguió revolucionar el género de terror en la literatura. Pero Clive Barker no sólo decidió llevar su terror y su fantasía a los libros. También los dio a conocer en el cine, el teatro, el cómic, la pintura, la escultura y hasta en los videojuegos, convirtiéndole así en uno de los autores más polifacéticos que existen en el panorama actual.
 
 
En el campo literario, su campo más reconocido, además de destacar sus mencionados y aclamados Libros de Sangre, también merecen una mención especial sus novelas The Hellbound Heart y Cabal.
 
 
En el cine, las historias de Barker que más éxito cosecharon fueron Hellraiser (en la que fue también director y guionista) y Candyman (fue el productor de la misma), dos clásicos del terror de los años 80 y 90. Los personajes de Pinhead y Candyman forman ya parte de nuestras más horribles pesadillas.
 
 
Su terrorífico y fantasioso universo también llegó al cómic, destacando la serie que se hizo sobre Hellraiser y sus cenobitas. En teatro llegó a trabajar como dramaturgo, actor y director de obras. Creó el argumento, los personajes y escenarios del videojuego Clive Barker’s Jericho, considerado por los expertos como el videojuego más terrorífico de la historia. Y ha realizado varias exposiciones de pinturas y esculturas en su Liverpool natal y en otras ciudades del Reino Unido. Vamos, que para ponerle el broche de oro a su variopinta carrera artística sólo le falta que saque al mercado un disco de música. Y no me extrañaría nada que algún día le escuchemos con una canción rock  o  de reggaeton en los 40 Principales. De Clive Barker uno se puede esperar de todo.
 
 

domingo, 7 de octubre de 2012

Los niños prodigio de la literatura



No sólo en la música, los deportes o en el cine han existido los niños prodigio, niños que a pesar de su corta edad son capaces de fascinar a todo el mundo con ese don tan especial que tienen para ciertas materias. También la literatura ha estado poblada desde hace años de estas mentes prodigiosas, algunas de ellas ya inmortalizadas en el universo de los libros.


Uno de esos grandes niños prodigio nació aquí en España: el poeta y dramaturgo madrileño Félix Lope de Vega, una de las figuras imprescindibles de la literatura universal. Con cinco años de edad, Lope de Vega ya componía versos y con doce años comenzó a escribir sus primeras comedias teatrales que tanto éxito le dieron en el Siglo de Oro.


Otro autor muy conocido que en su momento fue considerado un niño prodigio es el estadounidense Truman Capote, que saltó a la fama en 1945 cuando con 21 años consiguió ganar el prestigioso Premio O´Henry con su relato Miriam, llegando los críticos a compararle con el mismísimo Edgar Allan Poe.


De Estados Unidos es también el escritor Christopher Paolini, famoso por su saga de novelas de fantasía El Legado, la cual empezó a escribir con 15 años y que se ha convertido en una de las sagas literarias más vendidas y leídas en todo el mundo.


Los casos más actuales y famosos sobre niños prodigio en la literatura son por ejemplo el del autor polaco Jacek Dehnel, que con 20 años encandiló al país polaco con una novela histórica titulada El jardín de Lala, basada en la vida de su abuela, y que le hizo ganar uno de los premios literarios más importantes de Polonia; la autora alemana Helene Hegemann, que con 17 años se convirtió en todo un fenómeno literario en Alemania tras la publicación de su novela Axolotl Roadkill, muy aplaudida por la crítica y que cuenta la historia de la joven Mifti en forma de diario; para terminar, destacar a un autor dominicano que con sólo 11 años asombró a toda Latinoamérica tras la publicación de su libro La tormenta de los esteroides. Se llama John Marcelo, y aunque tenga edad de escolar, ya es considerado como un experto analista de deportes.
 


jueves, 5 de julio de 2012

Los discípulos del maestro King



            Si hay un escritor que más partido le ha sacado al mundo de los escritores en la literatura, ese sin duda ha sido mi idolatrado maestro Stephen King. Más de una de sus obras, más de dos y más de tres han tenido como protagonistas a un escritor o una escritora. Son los que podríamos considerar como los discípulos aventajados del maestro King.


            Entre los más reconocidos y exitosos autores está Jack Torrance (El resplandor), un escritor fracasado y ex alcohólico que buscando la inspiración necesaria para escribir se hará cargo del mantenimiento del hotel Overlook. Aunque la inspiración que encontrará allí no será precisamente para escribir. Otro autor de éxito es Paul Sheldon (Misery), cuya fama fue debida a su saga de novelas románticas Misery, hasta que decidió acabar con la vida de su personaje estrella. Algo que para nada le gustó a Annie, su fan número uno, que le secuestrará en su casa con el fin de que resucite a su personaje literario favorito.


            También merecen una mención especial Bill Denbrough (IT), admirado escritor que se enfrentó junto a su pandilla de “Los fracasados” al terrorífico payaso Pennywise; Ben Mears (El misterio de Salem’s Lot), otro afamado escritor que regresa a su pueblo natal para combatir al poderoso vampiro Kurt Barlow; Mike Noonan (Un saco de huesos), gran novelista que tras quedarse viudo será testigo de hechos sobrenaturales y secretos ocultos en su cabaña junto al lago de Dark Score; o Scott Landon (La historia de Lisey), ganador del Pulitzer que, antes de morir, tenía un mundo imaginario al que viajaba para hallar inspiración en sus escritos y en su vida misma, llamado Boo’ya Moon.


            Y no termina ahí la lista de discípulos escritores. También están Gordie Lachance (El cuerpo), un niño al que le encanta escribir pero que sufre la indiferencia de sus padres tras la muerte de su hermano mayor; Thad Beaumont y George Stark (La mitad oscura), dos autores muy distintos el uno del otro, que sin embargo están unidos por la misma persona; Mort Rainey (Ventana secreta, secreto jardín), escritor que sufre las arremetidas de un desconocido que le acusa de haberle plagiado un cuento; Mike Enslin (1408), autor de varias obras no ficticias sobre supuestos lugares embrujados; y Bobbi Anderson (Los Tommyknockers), la única mujer escritora que sobresale del universo King (con permiso de Tabitha), especialista en novelas del Oeste y en descubrir naves espaciales.


            Y la lista seguirá sin terminar, ya que doy por seguro que aún faltan muchos más escritores que se irán uniendo poco a poco a la numerosa familia literaria del maestro King.


jueves, 10 de mayo de 2012

La novela “post mortem” de Dickens



               ¿Sería descabellado afirmar que Charles Dickens terminó de escribir su última novela… desde la tumba? Sí, no cabe duda de que sería descabellado pensar eso, pero aunque muchos no lo crean, eso mismo se llegó a pensar en el año 1874 cuando un obrero de nombre T. P. James entregó a una imprenta de Vermont, en Estados Unidos, el final de una novela que Dickens no pudo ver finalizada por su muerte en 1870. La obra, de género policiaco, se titulaba El misterio de Edwin Drood.


            T. P. James era un humilde y honrado obrero que residía en Brattleboro, un pequeño y tranquilo pueblo situado en el Estado de Vermont. James nunca tuvo una inclinación degustativa ni por la lectura ni por la escritura, hasta que un buen día de 1872, en vísperas de Navidad, todo cambió radicalmente. Según su testimonio, empezó a recibir unos extraños mensajes no sabía de dónde que le obligaban a escribir día y noche. Escribía largos párrafos en un estado de semitrance; párrafos que para él eran incomprensibles, pero que supo al poco tiempo después que aquel texto que estaba captando de forma milagrosa e inexplicable era la continuación de una novela. Sus sesiones de escritura finalizaron en julio de 1873. Por entonces, James había terminado de escribir el final de una novela la cual desconocía por completo.


            Un año después, el obrero entregó el manuscrito a una importante imprenta de Vermont. Ese manuscrito lo llegaron a estudiar más tarde varios críticos literarios y especialistas en Dickens. Todos estaban de acuerdo en una cosa: aquello era la continuación de El misterio de Edwin Drood, la última novela de Charles Dickens que dejó inacabada por su fallecimiento. Pero lo que más sorprendió a los críticos y especialistas es que aquel texto estaba escrito en la misma línea de pensamiento, de estilo e incluso con las mismas faltas de ortografía que caracterizó al gran escritor inglés en vida.


            Por supuesto, en aquellos años (incluso ahora) era casi imposible que un caso de escritura automática dictada desde el “más allá” se tomara en serio, por muy veraz que pareciera el resultado. El misterio de Edwin Drood llegó a ser publicada tal y como Dickens la dejó antes de su muerte. La continuación de la novela que James había escrito nunca fue agregada al original, siendo tachado como un fraude. Eso sí, a raíz de lo sucedido hubo algún que otro crítico literario que se atrevió a manifestar con total seriedad que El misterio de Edwin Drood se había convertido en El misterio de Charles Dickens.


martes, 14 de febrero de 2012

Javier Villafañe, el cuentista andariego

Existen escritores que poseen la asombrosa habilidad de poder contar grandes historias sin la necesidad de coger lápiz y papel o sin teclear letras en un ordenador. Porque estos escritores escriben con la voz. Es la voz su lápiz, su pluma, o su teclado. Es la voz del cuentista, un oficio hoy en día que está en peligro de extinción, como los lobos en los frondosos bosques.

Uno de los cuentistas más conocidos en España y en América Latina fue el argentino Javier Villafañe. De niño ya le entusiasmaban los cuentos populares que le narraba su madre o los poemas que le oía recitar a la gente en la calle, y fue ahí donde se empezó a aficionar por el arte de contar historias y recitar poesía. Este entusiasmo se unió a su pasión por los títeres, de los que no se perdía ningún espectáculo que se realizara en su Buenos Aires natal y querido.

Con el paso del tiempo, su amor por contar historias y por los títeres aumentó hasta tal punto que tenía decidido que a sus 24 años quería ser titiritero. Dicho y hecho. El joven Javier se hace con una vieja carreta tirada por caballos a la que llama “La Andariega”. Con ella viaja con sus títeres por toda Argentina primero, para después actuar en otros países sudamericanos como Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay, así hasta atravesar el charco hasta España. Además de cuentista y titiritero de gran éxito y de ser un ejemplo a seguir para muchos otros titiriteros, Villafañe fue también todo un trotamundos. Un estilo de vida que siempre le encantó vivir.

Muchas de sus historias nacían de lo que escuchaba a los demás, sobre todo a los niños, los más propensos a la hora de inventar cuentos o leyendas. A partir de ahí, Javier daba rienda suelta a su imaginación narradora para perfilar gracias a su voz sus relatos poéticos para los más pequeños, como Don Juan Farolero, Los sueños del sapo o Maese Trotamundos por el camino de Don Quijote. Con estos relatos poéticos quiero puntualizar que el artista jamás dejó de lado la poesía, recitando además poemas propios como El gallo Pinto.

Javier Villafañe se llevó toda su vida de aquí para allá, contando cuentos y recitando poemas junto a sus inseparables títeres, ya que cuando lo dejó definitivamente contaba con 75 años. En 1996, a la edad de 87 años, fallecía en su país uno de los últimos y más reconocidos cuentistas. Hay quien dice que Villafañe no murió solo, sino que se llevó consigo un oficio, un modo de vida, un arte del que ya apenas quedan supervivientes. El arte de escribir historias con la voz.


viernes, 18 de febrero de 2011

Los escritores visionarios

Supongo que pocos escritores, por no decir casi ninguno, se han puesto a pensar mientras estaban escribiendo una novela o un relato que aquella historia pasaría realmente dentro de unos cuantos años. Que se estaban adelantando a un hecho del futuro con sus escritos. Con sus descripciones tan detalladas de elementos tan inverosímiles por aquella época. Hablamos del siglo XIX. Un siglo que vio nacer a dos auténticos escritores del futuro. Dos escritores visionarios.

El más famoso de ellos no cabe duda de que se trata del considerado padre de la ciencia ficción, el autor francés Julio Verne. Ningún escritor como él predijo con tanta exactitud en sus novelas los inventos que la mano y la mente del hombre consumarían en el siglo XX. Clásicos literarios son sus libros Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna, 20.000 leguas de viaje submarino o La vuelta al mundo en 80 días. En ellos, Verne nos habla de cohetes espaciales, submarinos, helicópteros, misiles dirigidos, imágenes en movimiento, aire acondicionado,… Un contenido propio tratándose del género de ciencia ficción de aquellos años, pero que muy pocos pensaban en aquel tiempo que tales inventos narrativos de Verne pudieran convertirse en reales en el siguiente siglo. Pero sí, se convirtieron de ficción en realidad para asombro de muchos, demostrándose las dotes de profeta del célebre novelista francés.

El segundo escritor visionario que vamos a tratar nació en Estados Unidos. Se llamaba Morgan Robertson, un autor que no cosechó en su época el mismo éxito que Julio Verne. Sin embargo, Robertson pasó a la historia muchos años después gracias a un relato que publicó a finales del siglo XIX, en 1898. Esta es su sinopsis: una noche de abril, un navío gigantesco, dotado de tres hélices, con capacidad para tres mil pasajeros, de ochocientos pies de eslora y setenta mil toneladas de desplazamiento, naufragaba dramáticamente al chocar contra un iceberg. El nombre del navío era Titán.

Catorce años después, un popular trasatlántico británico naufragó en su viaje inaugural en abril de 1912, tras chocar con un iceberg. Aquel imponente barco contaba con tres hélices, transportaba a más de dos mil doscientos pasajeros, medía ochocientos veintiocho pies y su peso era de sesenta y seis mil toneladas. Su nombre era Titanic. Como habréis podido comprobar, son muchas las coincidencias de esta catástrofe con el relato de Robertson. El autor estadounidense falleció en 1915, y tanto él como Julio Verne jamás llegaron a vislumbrar sus escritos futuros en la vida real. Aunque a ellos les daría igual, porque de todas formas ya habían estado allí mediante la magia de la literatura.

viernes, 30 de julio de 2010

Issei Sagawa, el caníbal literario

Hace ya un tiempecito que en Emcharos 2002 hablamos del escritor polaco Krystian Bala, que cometió un crimen con tal de inspirarse para una de sus novelas.

Hoy nos volvemos a encontrar aquí con los términos “escritor” y “asesinato” pero de una forma más salvaje e inhumana, aunque el sujeto en cuestión aún no era escritor cuando todo sucedió.

Nos referimos a Issei Sagawa, hoy en día uno de los autores más populares en su Japón natal. Su pasado también fue popular, pero por otras profesiones bien distintas: la de asesino y caníbal.

Todo ocurrió por la curiosidad que siempre había tenido Sagawa por probar la carne humana. Y más todavía, por probar la carne de la “mujer blanca”, su mayor obsesión.

Fue en 1981 cuando llevó a cabo su macabro deseo. Por entonces, era estudiante de Literatura inglesa en la Universidad de París. Allí conoció a una joven y bella estudiante holandesa por la que se sintió tremendamente atraído. Era la chica perfecta para su peculiar banquete.

En efecto, Sagawa la invitó a cenar a su casa. Ella aceptó dicha invitación, pero no fue sushi ni arroz lo que cenaron esa noche. Un disparo de escopeta acabó con la vida de Renée Hartevelt. Y fue Issei quien a posteriori acabó con su cuerpo, engulléndose gran parte de él. En una entrevista realizada, describió la carne humana como suave y sin olor, argumentando que lo que más le había gustado engullir eran los muslos de la holandesa. Tardó tres días en comerse el cuerpo entero. Lo que le sobró lo arrojó a un parque, siendo allí sorprendido por los gendarmes franceses.

Sagawa fue deportado al país nipón, y en 15 meses fue liberado. Un análisis psicológico lo declaraba como loco, lo que imposibilitaba que fuera enjuiciado. De locos, nunca mejor dicho (para que después nos quejemos de la justicia española).

Tras pasar por un hospital psiquiátrico, y con plena libertad, se dedicó a escribir, publicando diversos libros que hablaban de su tema favorito: el canibalismo. En uno de ellos, menciona la muerte de la estudiante Renée y confiesa que continúa teniendo fantasías caníbales mientras duerme. Así que, por si acaso, jamás aceptéis una invitación a cenar de semejante personaje, si no queréis ser el plato principal de la mesa.

jueves, 6 de mayo de 2010

El increíble Dedo-Pene de Matsuura

Es cierto que muchos escritores han escrito sus novelas o relatos a raíz de un insólito o maravilloso sueño que han tenido durante una noche. Lo que puede sorprender a propios y extraños es que un sueño absurdo, sin sentido, y surrealista como el que más pueda llegar a convertirse en todo un best seller, es decir, en uno de los libros más vendidos en el mundo.
La protagonista de dicho sueño es la escritora japonesa Rieko Matsuura, y el sueño en cuestión fue con su dedo gordo del pie, el cual se había convertido como por arte de magia en un pene hecho y derecho.
La autora, en vez de dejar pasar ese sueño de apariencia inservible para sus futuros trabajos literarios, se puso a escribir una historia basada en El aprendizaje de Dedo Gordo P, que así es como tituló su obra. Una historia que nos muestra a una joven que se despierta una mañana de la cama percatándose de que su dedo gordo del pie se ha transformado en un buen nabo, hablando vulgarmente.
La obra fue publicada en 1993, y de forma inesperada, cosechó un éxito sin precedentes. Y es que, hoy por hoy, el fantasioso Dedo-Pene de Matsuura sigue siendo uno de los libros más vendidos y leídos en Japón, 17 años después de su publicación.
Ya sabéis, compañeros y amigos escritores: por muy raro que sea lo que soñéis, por muy estúpido que os parezca el sueño, aunque estéis soñando con una cabra con traje de flamenca, peineta en vez de cuernos y con toda la cara de E.T., anotadlo en vuestra libreta de ideas. Puede que esa cabra extraterrestre y agitaná haga de vuestro libro un superventas mundial.

lunes, 1 de febrero de 2010

L. Ron Hubbard, Padre de la Cienciología

El caso de L. Ron Hubbard es bastante curioso, ya que estamos hablando de un escritor que ha sido más famoso por haber creado una religión que por sus libros escritos. Esta nueva religión, fundada en 1954 en Estados Unidos, es conocida con el nombre de la Iglesia de la Cienciología.
Personalmente, la primera vez que oí hablar de ella fue gracias a las numerosas estrellas de Hollywood que comparten las mismas creencias que su fundador. Mencionar a Tom Cruise, John Travolta, Will Smith o Jennifer López.
¿Y en qué se basan dichas creencias de la Iglesia de la Cienciología? Para empezar, en hacer creer que cada persona es un ser espiritual inmortal que posee una mente y un cuerpo, y que ha tenido vidas pasadas; que todas las personas son buenas por naturaleza y que la forma de vida que deben de llevar es la de educación, conocimiento y mejora espiritual y ética continua, para así ser felices y conseguir la salvación de sus espíritus.
La religión de Hubbard también argumenta que cada ser humano está formado por un racimo de almas extraterrestres que nacieron de una especie de dios alienígena llamado Xenu, considerado el verdadero dios para los cienciólogos.
Su biblia es la Dianética, libro publicado en 1950 y escrito por el propio Hubbard, que se convirtió en todo un Best-Seller. Eran muchísimos los lectores que por entonces se interesaron en su ideología.
En definitiva, el objetivo fundamental de la Iglesia de la Cienciología es el de ayudar a hacer un mundo mejor, sin guerras, crímenes ni locura, para que la gente tenga la libertad de alcanzar sus metas y sueños.
L. Ron Hubbard se caracterizó en su carrera literaria por ser novelista de ciencia ficción, y visto lo visto, parece que la fantasía de sus novelas llegó a desbordarle en la vida real.
Estoy seguro que muchos piensan como yo, pero lo increíble de esto es que haya tantas personas (incluyendo personajes muy famosos) que tengan una fe ciega en esta religión o secta, como la denominan algunos. Una religión que cada año rebasa en seguidores de todos los lugares del mundo.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Recordando a Allan Rune Pettersson

Una pregunta que da para muchas posibles respuestas: ¿Cuantos escritores han quedado en el olvido? ¿Cuántos libros se han esfumado de los ojos y la mente de los lectores? La lista sería tan interminable como la historia de Michael Ende, pero hoy quiero detenerme en un autor en especial. Un autor de mi niñez.
Su nombre es Allan Rune Pettersson, nacido en 1936 en la ciudad sueca de Estocolmo. Pettersson tuvo varios oficios antes de dedicarse de lleno a la literatura: locutor de radio, productor de televisión, posadero,… Con 29 años comenzó a escribir novelas y obras de teatro infantiles (los niños siempre fueron su mayor debilidad), además de ejercer el trabajo de guionista para la radio y la televisión de Suecia.
El libro de su cosecha que más cautivó a niños y jóvenes fue sin duda La tía de Frankenstein, un emotivo y fantástico cuento de hadas que en el momento de su publicación tuvo una gran relevancia en el país escandinavo, aunque esa aureola nunca llegó a atravesar sus fronteras.
La novela reúne a varios de los monstruos clásicos del mundo de las letras: el doctor Frankenstein y su criatura, el Conde Drácula, el Hombre Lobo, Igor, la Dama Blanca,… entre otros. En esta historia se suceden misterios, terror, drama, amistad, risas, y por supuesto, el imperecedero amor que casi siempre termina triunfando.
Hoy por hoy, muy pocos recuerdan a La tía de Frankenstein y a su creador. Pettersson continuó escribiendo libros para los más pequeños, sin llegar a obtener el éxito que le tocó vivir con anterioridad. El último vestigio que se supo de él fue en 1987, cuando se rodó una serie de TV basada en su joya literaria. Al igual que la novela, tuvo su momento de gloria en aquel año (se llegó a emitir en nuestro país y en más países europeos), pero poco después quedó desplazada al ostracismo.
Yo fui uno de esos lectores que admiró y admirará a este escritor sueco y a su nostálgica obra (descatalogada en España cual libro prohibido), una de las historias que más me apasionaron de niño y la cual contribuyó con su granito de arena para querer dedicarme a lo que hoy hago.
Este post lo escribo para realzar el mito de La tía de Frankenstein y para que aquellos escritores y relatos olvidados por la mala cabeza del lector nunca se lleguen a perder del todo. Muchos de ellos no lo merecen.

jueves, 22 de octubre de 2009

Rivalidad entre escritores

Miguel de Cervantes
.
La vida en sí está llena de enfrentamientos: blancos contra negros, derecha contra izquierda, madridistas contra culés, cristianos contra islamistas,… Hasta en la literatura ha habido riñas y peleas de gran magnitud social. Escritores que se llevaban fatal por una cosa u otra y que no podían ocultar sus enfrentamientos.
Famoso es el caso, por ejemplo, de Miguel de Cervantes y Lope de Vega. El popular manco de Lepanto era un apasionado desde muy jovencito al teatro. Al principio de su carrera, su obra creativa se decantó por este género que adoraba, pero fracasó. En gran parte, por culpa de Lope de Vega, que por entonces era el gran triunfador teatral. Y esto a don Miguel no le hizo mucha gracia, dando así comienzo a una larga enemistad. Se dice que Cervantes nunca nombraba a Lope de Vega por su nombre, sino como el “monstruo de la Naturaleza”, con envidia y desprecio.
Otros dos grandes autores del mundo de las letras hispanas, Luis de Góngora y Francisco de Quevedo, también se llevaban a matar. Dos escritores pertenecientes al barroco español y de estilos muy diferentes, que hacía que chocaran una y otra vez. El primero que tiró la piedra fue Quevedo, criticando duramente cada texto que Góngora publicaba. Tras esto, ambos no dejaron de tirarse piedras y todo aquello que encontraban a mano, siendo este uno de los enfrentamientos más encarnizados que se conoce en la historia literaria.
Una última rivalidad famosa, esta con tinte inglés, fue la de J. R. R. Tolkien y C. S. Lewis. Y eso que al principio eran muy buenos amigos. Pero los celos pueden con todo, incluyendo la amistad. Esos celos venían de Lewis, que al igual que Tolkien, escribía novelas de género fantástico. Sin embargo, el éxito que cosechó por entonces Tolkien con El Señor de los Anillos vino acompañado por la poca relevancia que tuvieron las Crónicas de Narnia de Lewis. La envidia que sintió Lewis al respecto terminó por separarles y dejarse de ver, además de lo mal que hablaban uno del otro en sus círculos de amistades.

J. R. R. Tolkien

martes, 28 de julio de 2009

El misterioso mundo de los escritores 6: Anne Perry

Anne Perry

“Vi el cuerpo de un hombre en el suelo…. Se le veía la mitad de la cara y las piernas las tenía un poco dobladas, como si le hubieran sorprendido por la espalda. El cabello estaba enmarañado de sangre… Me acerqué para comprobar si había algo que pudiera hacer por él, aunque desde el primer momento supuse que estaba muerto.”
El texto que acaban de leer corresponde a la novela Silencio en Hanover Close, de la escritora inglesa Anne Perry, muy conocida en el género literario de la intriga, de la que se apasionó gracias a los libros de su admirada Agatha Christie. Anne Perry es un seudónimo que esconde un nombre real: Juliet Hulme. Un seudónimo que no sólo esconde un nombre. También esconde una vida pasada. Un secreto que con el paso de los años ha dejado de ser secreto (gracias a la película Criaturas celestiales, de Peter Jackson), y que tiene mucho que ver con las historias que escribe.
Corría el año 1954, cuando Juliet, una joven de 16 años, vivía por entonces con sus padres en Nueva Zelanda. A Juliet le encantaba leer, escuchar ópera y estar con su mejor amiga, Pauline Parker. Fue ésta la que le propuso cometer todo un asesinato: el de la madre de Pauline.
Juliet no podía creer que ambas fueran capaces de matar a una persona, pero Pauline la concienció de que debían hacerlo, porque si no, sería ella la que matara a su propia hija. Según Pauline, su madre estaba loca y le estaba haciendo la vida imposible. Ante el panorama tan desolador que le estaba mostrando su amiga del alma, Juliet no podía dejarla sola en ese asunto. Tenía que ayudarla. Y la ayudó.
Pauline Parker y Juliet Hulme fueron condenadas a cinco años de prisión y a no verse nunca más por el asesinato de la señora Parker. La muerte de la señora Parker coincidió con la “muerte” de Juliet Hulme. La joven cambió su identidad para siempre por la de Anne Perry, marchándose de Nueva Zelanda para empezar una nueva vida como escritora de éxito y olvidarse de Juliet Hulme y su pasado criminal.
En más de una entrevista, la autora londinense ha manifestado que Anne Perry y Juliet Hulme no son la misma persona. Sin embargo, todos sus lectores saben ya que Anne Perry no sólo ha estado presente en los asesinatos ficticios de sus novelas. Porque aunque el asesino se cambie de nombre, su acto es imposible llamarlo de otra manera que no sea asesinato.

Cartel de la película basada en el asesinato
cometido por Anne Perry y su amiga

viernes, 6 de marzo de 2009

El misterioso mundo de los escritores 5: Agatha Christie


Se ha dicho alguna que otra vez que muchos discos de rock o heavy metal contienen mensajes ocultos. Esto parece más de película que de verdad, o quién sabe, quizás exista algo real bajo esas letras cantadas. El personaje invitado a este “misterioso mundo de los escritores” tiene cierta similitud con las estrellas del rock. No lo digo porque tocara la guitarra o la batería, sino por un sorprendente mensaje, que no tenía nada de oculto, y que apareció un buen día en uno de sus libros. Su último libro.
Agatha Christie ha sido una de las grandes autoras de la novela policiaca. Algunas de sus obras más importantes son El asesinato de Rogelio Ackroyd, Muerte en el Nilo, Asesinato en el Orient Express o El misterioso caso de Styles. En todas ellas, se repite el mismo personaje protagonista, y que gracias a él, a Agatha Christie la encumbró en la mejor literatura del siglo XX: el detective Hércules Poirot.
Hércules Poirot es el principal personaje en la mayoría de las novelas publicadas por la escritora inglesa. Y he ahí el misterio que encierra.
En octubre de 1975, se publicó la novela Telón, que sin que nadie lo esperara, sería la última aventura del famoso detective creado por Christie. En esa emotiva novela, se produce la muerte de Hércules Poirot. Una terrible decepción para millones de lectores que seguían entusiasmados sus sorprendentes casos. Pero lo que pocos podían imaginar es que, sólo tres meses más tarde, su autora preferida iba a encontrar también la muerte. La desaparición de Poirot fue un vaticinio de lo que inesperadamente vendría después.
Ahí no queda la cosa. Telón era una historia que Agatha Christie había escrito hacía años, pero que no decidió sacarla a la luz hasta ese octubre del 75. ¿Por qué no la publicó antes? ¿Por qué esperar años en hacerlo? ¿Tal vez quería que coincidieran ambos fallecimientos? ¿Pero cómo… cómo podía saber ella con tanta exactitud cuándo iba a morir?
Suerte, coincidencia, casualidad,… o puede que Agatha Christie viera algo más allá de lo explicable. Algo parecido a una premonición.

lunes, 3 de noviembre de 2008

El misterioso mundo de los escritores 4: Bram Stoker


Todos conocen a Bram Stoker por ser el creador de uno de los personajes más reconocidos en la literatura universal, el terrorífico Conde Drácula. Su famosa novela es, actualmente, la tercera obra literaria de lengua inglesa más leída en todo el mundo, después de la Biblia y Hamlet.
Pero sobre Stoker hubo un rumor que nunca se supo si fue real o no; una leyenda urbana con la que se dice ayudó al escritor irlandés a la hora de escribir “Drácula” en el año 1897. Había quien afirmaba por entonces que Bram Stoker pertenecía a una sociedad secreta llamada Golden Dawn (Amanecer Dorado) donde coincidió con otros escritores interesados en temas esotéricos, ocultismo y magia ritual, que era precisamente a lo que se dedicaba esta sociedad.
A raíz de estas reuniones y ceremonias secretas, Bram Stoker comenzó a tener constantes alucinaciones sobre una especie de rey de los vampiros que salía de su tumba en busca de sangre. Gracias a estas supuestas visiones, el escritor daría rienda suelta a su imaginación, hasta llegar a concebir a “Drácula”, inspirándose también en las atrocidades cometidas por un personaje real y sanguinario, el príncipe de Valaquia Vlad Tepes.
Las alucinaciones de Stoker sobre ese rey de los vampiros le acompañaron hasta su muerte, en 1912. Su mujer, Florence, fue testigo de cómo éste no paraba de señalar desde la cama una esquina de su dormitorio, asustado. El escritor pronunciaba una y otra vez la palabra “Strigoi”, que en rumano significa vampiro. Por supuesto, Florence no veía allí nada de nada. Con esa palabra en sus labios y con el miedo metido en su debilitado cuerpo, Bram Stoker falleció en su lecho. Mientras, aquel imaginario rey de los vampiros al que Stoker bautizó como Drácula no había hecho más que nacer a los ojos de la humanidad.

miércoles, 30 de julio de 2008

El misterioso mundo de los escritores 3: Edgar Allan Poe


El escritor y poeta estadounidense Edgar Allan Poe fue el primer gran maestro del relato corto, en los géneros de terror y misterio. El misterio le envolvió en su desdichada vida y desde 1976 lo envuelve también en su lecho de muerte.
Fue en ese año donde se vio por vez primera en la tumba de Poe un ramo de rosas y una botella medio llena de coñac. Esto sucedió un 19 de enero. La fecha en que nació el famoso escritor.
Desde entonces, ese ramo de rosas y esa botella medio llena de coñac nunca han faltado en esa tumba en concreto, en cada aniversario del autor de Boston. Nadie sabe quien es la persona que los deja allí como ofrenda. Incluso algunos años, varios grupos de personas se han congregado en el cementerio de Baltimore con la idea de desenmascarar al admirador de Poe, sin llegar a conseguirlo. El misterio lleva 32 años sin ser aclarado, en una historia que sería digna de la pluma de Allan Poe.
El creador de “El cuervo” o “La caída de la casa Usher” falleció en 1849 de un delírium trémens provocado precisamente por sus excesos con el alcohol. Lo que parece claro es que si durante su vida nunca le faltó el coñac, en su tumba Poe tampoco tendrá quejas. Al menos por el día de su cumpleaños.

martes, 3 de junio de 2008

El misterioso mundo de los escritores 2: Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús, además de ser una mujer religiosa, Doctora de la Iglesia, mística y fundadora de las carmelitas descalzas, también tuvo tiempo para ser escritora. Su literatura mística y devocional constituye una obra maestra única en la prosa española.
Uno de los detalles más curiosos y enigmáticos en la vida de Santa Teresa se produjo tras ingresar en el convento carmelita de la Encarnación. Se cuenta que en el año 1555, mientras sufría una grave enfermedad a causa de los severos ejercicios religiosos que la tenía postrada en una cama, tuvo la visión sorprendente y maravillosa de Jesús y de sus ángeles divinos. Algo milagroso que carecía de una explicación sensata entre las monjas del convento sobre lo ocurrido.
Pero no menos asombrosa fue su siguiente visión: la del mismísimo Infierno y sus terribles demonios. Había pasado de repente de la visión celestial a la visión de las tinieblas. De la luz del día a las sombras de la noche. Las monjas carmelitas dudaron más aún de esta segunda visión, a la que achacaron por la enfermedad que sufría Santa Teresa y que la hacían delirar y tener sueños extraños. Sin embargo, la escritora religiosa siempre creyó firmemente en lo que había visto. No era ningún sueño o una alucinación sufrida por su mal estado de salud. Para ella, todo lo que le sucedió era real. Todo aquello que vio, existía.
Este hecho, fuera o no cierto, es de los pocos que constan en la vida de un escritor o escritora, que afirma con rotundidad haber presenciado con sus propios ojos el verdadero Cielo e Infierno.

domingo, 27 de abril de 2008

El misterioso mundo de los escritores 1: Marqués de Sade

Se dice que el sadismo nació con este autor francés. Con sus polémicas obras, prohibidas en la época en que vivió, entre los siglos XVIII y XIX. No fue hasta bien entrado el siglo XX cuando pudieron ser publicadas y leídas por cualquier persona que tuviera interés y curiosidad por conocer ese mundo morboso y erótico que siempre rodeó al escritor parisino.
En muchos de sus escritos, Donatien Alphonse François (ese era su verdadero nombre) describía multitud de prácticas sexuales relacionadas con la crueldad y el dolor. Lo que es hoy el sadismo puro y duro. Algo que el Marqués veía como lo más normal del mundo, propio de una naturaleza humana que buscaba hallar el placer infinito, incluso en la homosexualidad. Pero que la mayoría de la sociedad francesa veía como una actitud grotesca e inhumana de un desvariado mental.
Ya de por sí, en su vida tuvo mucha inspiración a la hora de plasmar después en papel toda esa orgía de sexo bestial. Estuvo de prisión en prisión, siempre condenado por cometer diversos delitos sexuales. Al final, murió en un hospital psiquiátrico, víctima de su hipotética locura y sadismo. Murió sin llegar a imaginarse ni tener la más remota idea de que sus obras obscenas serían en un futuro expuestas y codiciadas en librerías y bibliotecas de todo el mundo, y que su nombre estaría ligado al de los grandes autores de la literatura universal. Quién lo diría por entonces…