14 de febrero. Un día ideal para declarar mi amor eterno a mis padres, a mi abuela Rosario, por lo mucho y tan sabias enseñanzas y valores que me mostraron con mis primeros pasos; un día para declararme a mis dos amores del día a día, del minuto a minuto, del suspiro a suspiro, para mi mujer Melibea y para nuestra queridísima hija Abril; y un día para declarar también mi amor pasional e imperecedero a la escritura.
Un amor de letras que vuelve a latir fuerte en este 2025. Y es que es en este año donde he vuelto al trabajo literario. Una nueva novela está empezando a nacer de mi puño y letra. El camino es largo, difícil, agotador… pero es un camino que siempre vale muchísimo la pena recorrer hasta el final. Y en ese final del camino espero encontrarme, una vez más, con todos vosotros, mis queridos lectores. ¡Así que esperadme, que allá voy!