lunes, 8 de diciembre de 2008

Yo fui un maldito: Texto 1

Aquella noche habíamos celebrado nuestro aniversario de boda en un lujoso restaurante. Cuarenta y ocho años de matrimonio, llevados lo mejor posible, sacando pecho cuando había que sacarlo. Aguantando los palos cuando caían como agua afilada. Riendo cuando había que reír, y llorando cuando había que llorar. Ambos habíamos derramado más lágrimas que carcajadas, eso lo tenía claro.
Después de aquella íntima y especial cena, Rosario se agarró a mi brazo, como era habitual en nosotros cuando salíamos juntos a pasear o ha comprar. Recuerdo a la perfección que la gente caminaba deprisa de un lado para otro, como almas en pena que no hallaban su lugar de descanso eterno. Todo en la más absoluta normalidad. Sin embargo, tenía un mal presentimiento. Y cuando a mí me invadía esta sensación, sabía que no me defraudaría. Algo grave estaría a punto de pasar. Lo que no me esperaba es que mi esposa fuera la víctima agraciada.
El callejón estaba oscuro. La farola que debía alumbrarlo estaba destrozada por pequeños gamberros que pasaban por allí, o mendigos que dormían en su estancia. Una voz dolorida salía de él. Nos detuvimos un instante para ver de quien se trataba. Pero allí no veíamos nada. Estaba oscuro.
De repente, una sombra misteriosa se hizo mover. Yo tiré de Rosario para seguir nuestro camino a casa. Aquello no me gustaba nada. Fue cuando oí decirle ¡Onofre, dios mío! y se despegó de mi lado. Un joven que podría haber sido nuestro propio hijo (¡dios mío!) se quejaba arrodillado en el suelo de una puñalada. Y eso era algo que no podía remediar la mujer de Onofre. Estaba seguro de que si ella hubiera sido alcaldesa de Madrid, habría acabado con el hambre y la miseria en la capital. Qué digo la capital, en España y en el mundo. Era una de sus virtudes. Socorrer al necesitado. Y allí permanecía la Madre Rosario, junto al mendigo apuñalado.
Fue alzar la voz para pedir ayuda, cuando el supuesto herido se agarró con fuerza a su bolso colgado del hombro. Puso resistencia, mientras yo no tenía otra cosa mejor que hacer que quedarme pasmado mirando la escena. Aunque hubiera querido (de hecho lo quería) no había sido capaz de moverme. Como si algo dentro de mí me lo impidiera. No te molestes, abuelo. No tienes nada que hacer.

Yo fui un maldito, páginas 8 y 9
Emcharos
Editorial Bubok
(www.bubok.es)

2 comentarios:

Dante dijo...

No deja de ser una situación dificil de manejar por parte de Onofre. Su reacción, o su no reacción, no fue lo ideal, pero ante la sorpresa, el ser humano es imprevisible. En mi pais, dadas como están las cosas en la actualidad, no se habrían conformado con robarle. También la habrían apuñalado, o pegado un tiro, y hasta violado si fuera una mujer joven. La realidad, supera muchas veces a la ficción. Un gustazo leerte.

Simetha dijo...

Me quedo con ganas a más, quise bajar el libro pero, no se; algo hago mal. No puedooo !!
sigo intentando y si me rindo, lo compro y me lo mandas con autografo y todo mi estimado em, ok?
Dejo mis saludos y un fuerte abrazo.