lunes, 24 de noviembre de 2008

Almas hermanas (1ª Parte)

“Almas hermanas” fue el primer cuento de Semana Santa que escribí en el Boletín de la Vera – Cruz de Brenes (Sevilla), allá por el año 2003, y que tuvo una buena acogida por los lectores veracrucistas, animándome a seguir escribiendo cada año un nuevo cuento que hablara de mi Hermandad.
“Almas hermanas” habla de aquellos veracrucistas que, a pesar de encontrarse muy lejos, les resulta imposible quedarse sin ver a sus imágenes devotas en las vísperas de un día tan grande como es el Viernes Santo en Brenes.


- Podéis ir en paz.
Tras esta oración, todas las personas que habían acudido a la misa fueron saliendo pausadamente por la puerta hacia la plaza, y así, a sus respectivos hogares. En cuestión de minutos, la iglesia quedó en su totalidad desierta de feligreses.
Después de que lo dejaran solo, el párroco se encaminó a la sacristía para cambiar de atuendos. Cuando acabó de despojarse de sus hábitos y de vestirse con sus atavíos corrientes, oyó un leve ruido a lo lejos.
Se percató de que eran unos pasos que se acercaban. Se acercaban al lugar en donde él estaba. Eran pisadas muy lentas. Pasado unos segundos, se detuvieron. Quien quiera que fuera, se había parado a poca distancia de la sacristía.
El párroco estaba intranquilo, nervioso por saber de quién se trataba.
A estas horas, a punto de cerrar la parroquia,... ¿quién podrá ser?.
Aunque no se lo quería creer, notó que en su interior tenía un poco de miedo por abrir la puerta y descubrir al misterioso sujeto. Pero era su deber el actuar de inmediato.
Sin pensarlo más veces, cogió el picaporte y lo hizo girar, adentrándose de nuevo en la capilla.
Se trataba de un joven, situado a los pies de Cristo crucificado. Sus ojos, clavados en los del Hijo de Dios, con las lágrimas saltadas.
- Perdona que te moleste. La misa ya ha finalizado y la iglesia se va a cerrar enseguida.
El chico dirigió su faz hacia el del cura, eso sí, alternando la vista también al Cristo.
- No puede pasar un año que yo no venga a ver a mi Señor. A mi Señor... y a mi Señora.
El joven se acercó al retablo donde la Virgen María lloraba de dolores por la muerte de su Hijo.
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Relato incluido en el libro “Cuentos de Semana Santa”, del autor sevillano Emcharos. Disponible en la Tienda Bubok (http://www.bubok.es/).

1 comentario:

Dante dijo...

Acabo de dejar mi comentario en la segunda parte de esta historia que es la que redondea el final. Un gustazo leerlo. Un abrazo.